Los internautas chinos se asoman estos días con asombro y cierta prudencia por la última grieta que le ha salido a la Gran Cibermuralla, el aparato de censura más sofisticado del mundo. Desde hace ya varias semanas, cientos de páginas pornográficas han dejado de estar prohibidas para la cibercomunidad china, la más grande del mundo, cercana ya a los 400 millones de usuarios.
Activistas, expertos y cibernautas se devanan los sesos en busca de una respuesta convincente. Sobra decir que las autoridades chinas ni siquiera lo han reconocido y que es improbable que hagan comentarios al respecto, teniendo en cuenta que la ley china persigue la pornografía sin descanso desde que triunfó la revolución maoísta.
La lucha contra los “contenidos obscenos” ha sido, de hecho, uno de los frentes de ciber-batalla más cacareados por el régimen, y una de las justificaciones más recurrentes de los burócratas. “Ayudar a los padres a proteger a sus hijos de contenidos perniciosos” era y es uno de los grandes argumentos a favor de la censura de la Red china.
La teoría más probable es que el Gobierno chino quiera bajarle la temperatura a un país donde la frustración sexual masculina es una cuestión estadística. A causa de la tradicional preferencia por los hijos varones en la sociedad china, potenciada en las últimas décadas por ecografías y abortos selectivos, en las calles del gigante asiático ya hay alrededor de un 10% más de hombres que de mujeres.
No es de extrañar que una de las principales preocupaciones de los jóvenes sea encontrar pareja. Las previsiones demográficas anuncian un país en el que habrá decenas de millones de varones solteros, un escenario que podría aumentar la inestabilidad social, la verdadera preocupación central del Gobierno.
Mientras tanto, contenidos políticos, webs de asociaciones humanitarias y páginas aparentemente tan inofensivas como Youtube o Facebook siguen estando prohibidas.
lunes, 14 de junio de 2010
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